Guillermo Tell
- Dirección: Nick Hamm
- Guion: Nick Hamm
- Intérpretes: Claes Bang, Connor Swindells, Ben Kingsley, Golshifeh Farahani…
- País: Reino Unido
- Género: Aventuras
- 133 minutos
- Ya en cines
- «En 1307, las fuerzas austriacas oprimen al pueblo suizo. Guillermo Tell juró no volver a usar la violencia tras su paso por las Cruzadas, pero se ve obligado a unirse a la rebelión para detener el derramamiento de sangre. Como castigo, el gobernador Gessler obliga a Tell a disparar una manzana sobre la cabeza de su hijo Walter, de lo que saldrá ileso por sus habilidades con la ballesta. Gessler hace cautivos a Tell y a la princesa Bertha de Habsburgo, que rápidamente escapan. Tell regresa para liderar una rebelión contra los invasores austriacos, buscando venganza tras el saqueo de su ciudad y la muerte de su esposa.»
Por Elisa McCausland y Diego Salgado
Aunque no goza de tanta fama en el audiovisual como un personaje similar pero de ascendencia anglosajona, Robin Hood —el noble que roba a los ricos para repartir su botín entre los pobres—, Guillermo Tell también ha protagonizado numerosos títulos destinados a la pequeña y la gran pantalla. El perfil de casi todos ellos ha sido, eso sí, modesto. Tell, como Miguel Strogoff o el Tulipán Negro, parece abocado a registros culturales menores: cine melancólico de serie B proyectado en el colegio, toscos relatos ilustrados leídos en la cama y emisiones fantasmáticas de televisión a la hora de merendar.
Esta nueva visión del mítico rebelde suizo enfrentado a la tiranía vienesa del siglo XIV, cuya habilidad con la ballesta le permite en circunstancias críticas atravesar una manzana colocada en la cabeza de su propio hijo, puede considerarse por tanto una de las más ambiciosas jamás producidas sobre Guillermo Tell. Su guionista y director, Nick Hamm, ha contado con 45 millones de dólares aportados por compañías británicas, italianas y suizas para adaptar la obra canónica sobre el personaje escrita por el dramaturgo romántico Friedrich Schiller en 1804.
Schiller ponía un pie en la épica y otro en su concepción de la historia de los pueblos como “expresión de la dignidad y el libre albedrío” (José Yxart), y Hamm hace otro tanto: “Mi película aspira a ser una fábula antibélica para tiempos en los cuales la guerra vuelve a estar en primera plana (…) y un espectáculo con personajes apasionados y narrativas divertidas para una cartelera donde los grandes estudios parecen haber renunciado a aportar algo en esa línea”. Ahora bien, ¿hace honor Guillermo Tell a sus ambiciones?



Relativamente. Hamm cuenta con una larga experiencia en el teatro, la televisión y el cine. Sin embargo, ha trabajado siempre en los géneros de la tragicomedia y la intriga. La mezcla de acción y enredos cortesanos a lo Juego de tronos (2011-2019) que caracteriza Guillermo Tell se salda con cierta rigidez, pese a que Hamm usa —y abusa— de las tomas aéreas, los contrapicados, las panorámicas circulares y los grandes angulares para otorgar grandeza a las localizaciones naturales e intensidad a las reacciones de los personajes. Por otra parte, a los escenarios, el vestuario y la fotografía les falta atmósfera, y debido a ello Guillermo Tell acaba siendo paradójicamente, como si pesase una maldición sobre su protagonista, “una de esas películas de serie B que juegan a ser de serie A y que se programan una y otra vez en determinados canales de televisión” (Gregory Ellwood).
Esto no implica que la propuesta carezca de atractivos. Se percibe un interés genuino por equilibrar el escapismo con la (re)lectura histórica. Además, Hamm sitúa con inteligencia y sentido del suspense la célebre escena de la manzana en mitad de metraje y no como punto culminante de la narración; ello sirve al propósito de advertir al espectador de que el ejercicio de épica histórica va a mudar a su vez, en el seno del propio relato, en ficción de cualidades arquetípicas, de modo que a partir de esa secuencia “empezamos a sentir la aventura ajena como preludio a nuestra propia aventura de vivir” (Walter Benjamin). Por último, los diálogos están escritos y declamados en un estilo juguetonamente anacrónico que remite sin filtros a Friedrich Schiller y contribuye, con más eficacia que los demás aspectos apuntados, a nuestra inmersión en lo que sucede.
Es una pena, en cualquier caso, que las pretensiones de Hamm se sustancien en una película tan solo aceptable, lejos por ejemplo de la reinvención macarra del mito artúrico que planteó Guy Ritchie en Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (2017) y del Robin Hood realizado un año después por Otto Bathurst, que podía presumir de una dirección artística experimental y de equiparar a los cruzados cristianos con militares estadounidenses movilizados en Oriente Medio. Guillermo ha vuelto a tener mala suerte frente al arquero de Sherwood.




- Montaje: Yan Miles
- Fotografía: Jamie Ramsay
- Música: Steven Price
- Distribuidora: Beta Fiction