Bandolero rocks

Una historia del cine español que culmina con Libertad

Por Philipp Engel

Enrique Urbizu estrena LIBERTAD, película y serie (desde el pasado viernes 26 de marzo en salas y en Movistar+), que siguen las andanzas de varios bandoleros a principios del siglo XIX, y se contempla como la culminación del western español

Trabuco, pistolón, navaja. Catite o calañés, en vez de Stetson calado hasta los ojos. Los “majos” que se tiraban al monte, llevaban calzones y esa chaqueta corta conocida como “marsellés”, entre otros atributos inmediatamente reconocibles, como la faja o las medias subidas hasta casi las rodillas. Antes de la invasión del eurowestern, el bandolero patrio gastaba lenguaje propio, y cabalgaba por paisajes tan impresionantes como Monument Valley, siempre con guitarra española de fondo, flamenco desgarrado y la copla con la que se arrancaba la folclórica de turno.

Aunque el imaginario bandolero quedó secuestrado por la icónica serie de televisión Curro Jiménez, que dominó la pequeña pantalla, de 1976 a 1978, a lo largo de tres temporadas, amén de sus múltiples reposiciones y de un come back en los 90, que no obtuvo el éxito esperado, en realidad es una historia que viene de largo. Una historia que remonta a los albores de nuestro cine, y desemboca en la gloriosa Libertad, que es a la vez culminación y renovación del género.

Diego Corrientes y Luis Candelas, bandoleros románticos

Si el western es quintaesencia del cine americano, nuestros bandoleros podrían jactarse de lo equivalente. Eso sí, ni el sevillano Diego Corrientes,que fue ahorcado y descuartizado en 1781, ni Luis Candelas, el bandido de Lavapies, que fue sometido al garrote vil (cambiaron las modas en la pena capital) en 1837, podían imaginarse que sus correrías iban a dar hasta para cuatro películas por barba. 

Y se da el caso de que Rosario Pi, nuestra cineasta pionera, también debutó con una de bandoleros, El Gato Montés (1935), adaptación de la zarzuela de Manuel Penella, que contaba la tragedia de los eternos amantes, separados por la intromisión de un torero —El Macareno—, que hace que el protagonista se tire al monte, convirtiéndose en el bandolero del título.

Esa visión del bandolero romántico, que dominó el salto del cine republicano al nacional —Aventuras de Don Juan de Mairena, Don Juan de Serrallonga, El rey de Sierra Morena, La duquesa de Benamejí, Aventuras de Juan Lucas, La reina de Sierra Morena, Carmen, la de Ronda…— se enturbió cuando el bandolero empezó a mirar a los ojos a los pistoleros del salvaje oeste, y la cosa se puso seria, desmitificando el aspecto más «Robin Hood».

De ese giro, queda una película clave: Carne de horca (1953), del gran Ladislao Vajda, la única que Enrique Urbizu confiesa haber recomendado a su equipo para ir ambientándose con el tema para Libertad: «Huimos de las referencias como de la peste, pero Carne de horca me parece un peliculón. Me parece super seria para la época. Vajda era un grande».

«Huimos de las referencias como de la peste, pero Carne de horca me parece un peliculón. Me parece super seria para la época. Vajda era un grande».

Enrique Urbizu

Filmada en la serranía de Ronda, la dura película de Vajda, que Pérez-Reverte también señala como su favorita del género, fue una coproducción con Italia, protagonizada por dos galanes como Rossano Brazzi Fosco Giachetti, que prefiguraba el desembarco del eurowestern. Aunque sigue teniendo un sabor muy español, sobre todo cuando al primero le hacen bailar a balazos, mientras uno de la banda saca guitarra y empieza a tocar por soleares.

Paco Rabal
El bandolero por antonomasia

El monumental Paco Rabal vistió la vestimenta típica del bandolero en otras dos obras cumbres del género: Amanecer en Puerta Oscura (José María Forqué, 1957) y Llanto por un bandido (Carlos Saura, 1964). En la primera, que obtuvo un premio especial en la Berlinale, Rabal es Juan Cuenca, El malagueño, «que mató a su mujer y se echó a la sierra», como dice uno de los dos mineros en fuga a los que en un principio desvalija, para luego protegerlos.

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Magníficamente fotografiada a todo color por Cecilio Paniagua en múltiples paisajes, Amanecer en Puerta Oscura, que tiene climax místico en plena Semana Santa, está ya ambientada a finales del siglo XIX, mientras que el filme de Saura nos lleva a los tiempos de la Guerra de la Independencia, cuando José María El Tempranillo –Rabal, en todo su esplendor– echa una mano a los rebeldes liberales, capitaneados por un tal Pedro Sánchez (sic).

Como la anterior, Llanto por un bandido, con fotografía no menos exquisita de Juan Julio Baena, vuelve a ser una coproducción con Italia, en la que participan desde Lino Ventura a Lea Massari, pasando por un memorable cameo de Don Luis Buñuel, que al principio de la película interpreta a un verdugo. Apenas un año antes, el gran Josep María Forn también contó las hazañas del Tempranillo en José María, una película escrita por Iquino De la Loma, en la que ya se veía poco trabuco y que se vendió como «el primer western español».

Que viene Curro Jiménez

La preciosa banda sonora del efímero Waldo de los Ríos (un hard to find en vinilo) ha quedado inscrita en la memoria colectiva asociada a esos títulos de crédito que abrieron hasta 40 episodios de Curro Jiménez, la serie en la que Sancho Gracia aparecía acompañado de Álvaro de Luna, El Algarrobo, Pepe SanchoEl estudiante, y Eduardo GraciaEl Gitano.

Rematada por una película dirigida por Rafael Romero Marchent, la serie tuvo detrás de las cámaras a directores como su hermano Joaquín Luis Romero Marchent, Mario Camus, Pilar Miró, Antonio Drove yFrancisco Rovira Beleta, entre otros. Y es historia de la televisión, tal vez el mayor triunfo de RTVE, porque precisamente hizo grande ese western patrio, que vendría también a ser la quintaesencia de nuestro cine. Urbizu lo tiene claro: «Curro Jiménez es intocable».

Curro Jiménez es intocable

Enrique Urbizu

Si obviamos la telenovela Bandolera, el bandolerismo se despidió del cine con Pasos largos (Rafael Moreno Alba, 1986), que no por casualidad retrataba también a uno de los últimos grandes bandidos de Andalucía, Juan Mingolla Gallardo, un cazador furtivo que, acosado por la Guardia Civil —un cuerpo rural creado en 1844, precisamente para acabar con el bandolerismo—, acaba echándose al monte. Tras diversas andanzas acabó, con más de 60 años, rodeado por las «guerreras verdes», que le instaron a rendirse. De lo contrario, lo mataban. «Pos máteme», contestó él.