La Liga de la Justicia de Zack Snyder

La Liga de la Justicia de Zack Snyder
(Zack Snyder’s Justice League)

  • Dirección: Zack Snyder
  • Guion: Chris Terrio (Historia: Zack Snyder, Chris Terrio, Will Beall)
  • Intérpretes: Ben Affleck, Gal Gadot, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Henry Cavill
  • Género: Fantástico, acción
  • País: EEUU
  • 242 minutos
  • Disponible en HBO

Versión expandida y ampliada de La Liga de la Justicia (2017), que presenta una versión fiel a la visión original de la obra de Zack Snyder

Por Elisa McCausland & Diego Salgado

Sí pero no. La revisión que ha llevado a cabo Zack Snyder de Liga de la justicia (2017) —superproducción que fracasó hace cuatro años a la hora de cohesionar el universo extendido de Warner/DC e impulsarlo con acierto en nuevas direcciones— es sin duda más estimulante que la propuesta original, abandonada por Snyder y rematada por Joss Whedon debido a razones sobradamente conocidas o fáciles de conocer a través de la Wikipedia. Pero no ha conseguido que la película resulte por fin significativa en un aspecto crucial: transformar la caótica reunión de personajes/marca planteada en un universo de ficción verosímil.

Los de Snyder son superhéroes pese a todo y pese a todos, incluso pese a ellos mismos en tanto objetos de consumo.

Lo cierto es que, una vez disipadas las brumas de la mastodóntica campaña promocional que ha acompañado el estreno del corregido y aumentado de Snyder —campaña en la que no han faltado ni los sacrificios humanos (Joss Whedon) ni la elevación a los altares del propio Snyder—, nos encontramos con un producto que, si alberga algún valor de cara al futuro, es el de haber llevado el anecdotario sobre rodajes accidentados de blockbusters a otra escala y otra época: la del fandom virtual, el hashtag de temporada, y los simulacros transmedia de ficción hilvanados a golpe de cliffhangers.

Snyder no solo ha procedido a un descomunal aumento del metraje, que alcanza las cuatro horas. También ha eliminado numerosas escenas y resignificado personajes, tramas y discursos. En su momento, Whedon trató de imprimir al relato un carácter mayormente dramático y mundano. Con ello ambicionaba, en la estela de lo que logró para Marvel Studios con Los Vengadores (2012), armonizar a los superhéroes entre sí, con la realidad cinematográfica que les rodeaba, y con el zeitgeist sociocultural y emocional del espectador. Snyder, como es norma en su filmografía, se eleva en cambio al nivel del icono y el arquetipo, al mito del (super)héroe como heredero espiritual de los dioses y las batallas primordiales del Bien contra el Mal, en tiempos que han hecho de unos y otros factores materia prima de funkos y camisetas.

Snyder reitera aquí ese antagonismo entre la comprensión de las criaturas de ficción en clave de moneda de cambio socioeconómica, y unas dinámicas crispadas de fuga. Los suyos son superhéroes y supervillanos pese a todo y pese a todos, incluso pese a ellos mismos en tanto objetos de consumo. De esta dialéctica se deducen un aluvión de momentos de belleza extraordinaria no exenta de kitsch; una suspensión del tiempo narrativo en estampas sublimes donde se dan la mano lo escultórico, lo cinético y todas las interpretaciones posibles de la luz. Basta ver cómo filma en las últimas escenas al ridículo Joker (Jared Leto) de Escuadrón Suicida (David Ayer, 2016) para comprender hasta qué punto Snyder es capaz de revivir imaginarios agotados. Sin embargo esta cualidad es inútil, quizá hasta contraproducente, cuando el objetivo de fondo no es otro que articular productos con apariencia de entretenimiento, obligados a reinventarse como multiversos de películas, series, cómics, videojuegos y gomas de borrar. En definitiva, esta Liga de la Justicia es más suya, pero no mucho mejor que la que supuestamente le arrebató Joss Whedon.