La nube

La nube
(La nuée)

  • Dirección: Just Philippot
  • Guion: Jérôme Genevray, Franck Victor
  • Intérpretes: Suliane Brahim, Nathalie Boyer, Marie Narbonne, Victor Bonnel
  • Género: Fantástico, terror
  • País: Francia
  • 100 minutos
  • Estreno en salas

Tratando de salvar su granja que se encuentra en bancarrota, una madre soltera comienza un negocio de cría de saltamontes comestibles. Sin embargo, muy pronto empieza a desarrollar una relación obsesiva y extraña con estos insectos. 

Por Paula Arantzazu Ruiz

Just Philippot reformula con habilidad las imágenes del miedo atávico del hombre a ser devorado por la naturaleza. El enemigo, un criadero de saltamontes con hambre de hemoglobina.

En materia de terror, poca duda cabe de que la inversión de la cadena trófica es uno de los miedos más profundos de los seres humanos. Si según los textos bíblicos el hombre fue creado a semejanza de Dios, es lógico que llevemos milenios considerándonos los señores de las bestias y, por tanto, también es lógico que cualquier alteración de nuestro estatus en la jerarquía ecológica provoque un pavor tremendo. A fin de cuentas, ¿qué puede ser más horroroso que la imagen de verse devorado por un ser vivo inferior, una imagen que nos recuerda que, en el fondo, no somos mucho más que ellos, misma carne y vísceras? 

Al naturalismo de la imagen se le oponen elementos que ligan la historia con el imaginario de la ciencia-ficción de terror

No ha de extrañarnos que este tipo de miedo haya hecho especial fortuna en el ámbito cinematográfico, articulado desde un sinfín de posiciones, motivos y formas. El desarrollo de la tecnología atómica vino acompañado de no pocas producciones de serie B sobre bichos gigantes —entre otras amenazas contra el statu quo, como por ejemplo mujeres ídem—; la aventura espacial también se vio correspondida en la gran pantalla con invasiones alienígenas que tomaban a los humanos como su fuente de alimento, como sucedía en La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1951) o en el descacharrante musical de Frank Oz La tienda de los horrores, remake sui generis de la producción de Roger Corman La pequeña tienda de los horrores (1960); mientras que cierta hambre insaciable de los animales también se ha entendido como una respuesta de la Tierra contra la continua hostilidad del hombre con su entorno, tal y como aborda Just Philippot en la cinta que nos ocupa, La nube. Hay otros ejemplos sobresalientes que merecen citarse a vuelapluma —Los pájaros (1963), de Alfred Hitchcock; Sucesos en la IV fase (1974), de Saul Bass; o incluso Alien, el octavo pasajero (1979), de Ridley Scott—; porque todos ellos comparten como denominador común su condición de parábolas en torno al terror atávico del hombre a perder su hegemonía en la estructura de poder que gobierna el mundo, sea el orgánico o el social. 

El recorrido comparativo de este bestiario fílmico viene a cuenta de la película de Phillipot, con la que el francés debuta en el largometraje asumiendo, además, toda esa poderosa tradición iconográfica con una habilidad notable. Las hechuras de La nube no engañan: al naturalismo de la imagen se le oponen dos o tres elementos que ligan la historia con el imaginario de la ciencia-ficción de terror: los propios saltamontes que cultiva Virginie (Suliane Brahim), una madre viuda y al borde de la bancarrota con su negocio de venta de harina extraída de los insectos; el domo geodésico que sirve de criadero; o la banda sonora sintética e inquietante, firmada por Vincent Cahay, que marca el ritmo de un suspense que sabe administrar sus cartas. Los saltamontes «tienen en 100 gramos las mismas proteínas que en 150 la ternera», defiende la protagonista, verdadera devota de un negocio sostenible con los ritmos de la naturaleza. Cuando descubra accidentalmente que la única manera de que su granja sea productiva sea alimentarlos con su sangre, se entregará por completo al cuidado de los artrópodos —como si esas criaturas fueran sangre de su sangre—, dejando de lado, en consecuencia, sus anteriores obligaciones familiares. Es esa imagen perversa de la mujer nutriendo a la plaga donde palpita la idea nuclear de La nube, la de mostrar, sin miramientos, la faz del verdadero monstruo. ¿Dirías que es la del bicho y su apariencia, mutante y asquerosa, o la del ser humano como depredador, causante de no pocas catástrofes con su voracidad capitalista enfebrecida? 

  • Fotografía: Romain Carcanade
  • Montaje: Pierre Deschamps 
  • Música: Vincent Cahay
  • Premios: Premio Especial del Jurado y Mejor actriz (Suliane Brahim) en el Festival de Sitges 2020.
  • Distribuidora: Capricci Cine