Las leyes de la frontera

  • Director: Daniel Monzón
  • Guion: Jorge Guerricaechevarría (Novela: Javier Cercas)
  • Intérpretes: Marcos Ruiz, Begoña Vargas, Chechu Salgado, Pep Tosar, Daniel Ibañez
  • Género: Cine quinqui, drama, thriller
  • País: España
  • 130 minutos
  • El 8 de octubre en salas

Verano de 1978. Ignacio Cañas es un estudiante de 17 años introvertido y algo inadaptado que vive en Girona. Al conocer al Zarco y a Tere, dos jóvenes delincuentes del barrio chino de la ciudad, se ve inmerso en una carrera imparable de hurtos, robos y atracos. Es la historia en la que Nacho se hace mayor, cruzando la línea que hay entre el bien y el mal, entre la justicia y la injusticia…

Por Roberto Morato

La literatura de Javier Cercas siempre ha estado especialmente interesada en difuminar los límites entre la representación y la realidad. Narradores no fiables que configuran una realidad bien diferente al pasado «real» y que engañan de manera consciente tanto al narrador —casi siempre sosias del propio Cercas— como al lector de la novela. Cuando Cercas se atrevió con Las Leyes de la frontera a adentrarse en el particular universo de la Cataluña quinqui de los años primerizos de la Transición más de uno arqueó la ceja sin darse cuenta que estaba tejiendo una nueva tela de araña sobre sus temas habituales. En plena recuperación posmoderna de la iconografía del cine quinqui, Daniel Monzón y su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría se atreven a llevar a la pantalla la novela de Cercas y lanzarse a los mismos tirabuzones narrativos que el autor de El impostor

Monzón comprende que rodar cine quinqui en el año 2021 bajo los cánones que han transcendido a la cultura popular es simplemente una quimera, entre otras cosas, porque muchas de esas representaciones que se dieron en la gran pantalla no fueron tales, sino apropiaciones de un modo de vida, de los renglones torcidos de la propia Transición a los que se explotó como turismo audiovisual con una sociedad que anhelaba sus cantos de transgresión y libertad pero que en el fondo los repudiaba.

Se puede debatir ampliamente, pero el cine quinqui y todo su audiovisual tuvo un terrible proceso de vampirización para con sus protagonistas que en muchos acasos acabó con un destino trágico. Aquellas ficciones siempre estuvieron sometidas al propio desarrollismo de una España hacia una modernidad que ha quedado demostrada como la farsa que siempre se intuyó. Obviamente Monzón rueda con astucia y profesionalidad toda la fantasía de su protagonista porque es parte del juego de engaño hacia el espectador. La recreación de una época, atiborrada de clichés visuales —esa plaza donde se encuentra el bar en el que se reúnen los delincuentes juveniles y que parece un decorado cinematográfico, más concreto casi el plató espectral de un western— proyecta esa fantasía de una clase media que quiso soñar con ser rebeldes cuando la dolorosa realidad es que tan sólo quisieron vivir una vida mediocre.

Las únicas gotas de autenticidad se depositan en el personaje de La Tere —extraordinaria Begoña Vargas—, víctima de la ensoñación de su protagonista y al que finalmente la construcción de una ficción fantasiosa en torno a ella acaba por arrebatar el significado de su propia vida. Puede que Las Leyes de la frontera tenga esqueleto de un neowestern, y de cierto homenaje cinéfilo ,pero tiene el corazón amargo de aquellos cadáveres a las que las fantasías aspiracionales de una clase media se agarró y finalmente desechó en pos del desarrollismo más deshumanizador.

  • Fotografía: Carles Gusi
  • Montaje: Mapa Pastor
  • Música: Derby Motoreta’s Burrito Kachimba
  • Distribuidora: Warner Bros