Pig

  • Dirección: Michael Sarnoski
  • Guion: Vanessa Block, Michael Sarnoski
  • Intérpretes: Nicolas Cage, Alex Wolff, Adam Arkin, Nina Belforte, Gretchen Corbett
  • Género: Drama, thriller
  • País: EEUU
  • 92 minutos
  • 14 de julio en salas

«Un buscador de trufas que vive sólo y aislado en una zona salvaje de Oregón, regresa a Portland para recuperar a su querida cerda trufera, que le ha sido robada.»

Por Elisa McCausland y Diego Salgado

Aunque la posterior El insoportable peso de un talento descomunal (2022) siga la estela de bodrios de culto como Mandy (2018), Jiu Jitsu (2020) y Prisioneros de Ghostland (2021), Pig nos permite concebir la esperanza de que Nicolas Cage logre recuperar su crédito como actor antes que después.

El primer largometraje del guionista y director Michael Sarnoski funciona de hecho por oposición a la complicidad paternalista que pretendían inspirar Mandy o El insoportable peso de un talento descomunal en el cinéfilo de meme y camiseta. Pig aboga a lo largo de todo su metraje por un extrañamiento con epicentro en la interpretación de Nicolas Cage, ajena a sus celebrados histrionismos, y el personaje a su cargo: un ermitaño situado espiritualmente más allá del bien y del mal tras haber dado de lado su condición de bufón social.

Cage encarna a Rob, un chef famoso en Portland que abandonó el área urbana cuando murió su esposa y recolecta trufas en un bosque cercano con la ayuda de una cerda. Amir (Alex Wolff), un joven intermediario, vende las trufas a los restaurantes más prestigiosos de la ciudad. Cuando unos desconocidos se hacen con el animal, Rob se verá obligado a volver a Portland a fin de rescatarlo, con Amir como guía.

No faltan las típicas epifanías dramáticas que a punto están de malbaratar la película. Sin embargo, Cage y Sarnoski aciertan a subvertir el principio de realismo psicológico y audiovisual consensuado en el ámbito del cine indie mediante una transmutación sutil de lo narrado en la que juega papel esencial el weird: Portland es retratada como un escenario postapocalíptico, sus divisiones de clase remiten a las de un feudo medieval, Rob semeja una combinación arquetípica de guerrero, hechicero y profeta del fin del mundo, y sus recetas culinarias actúan como pócimas capaces de invocar en quienes las prueban y quien las ha elaborado la felicidad de tiempos pasados.

El primer trabajo de Michael Sarnoski, un cortometraje sobre zombis titulado Love of the Dead (2011), ya apelaba a la melancolía, el sentimiento de pérdida y el juego con los registros cinematográficos como fundamentos expresivos. En Pig, Sarnoski sofistica considerablemente sus maneras: los giros imprevistos del guion, sus guiños velados a tradiciones mitológicas diversas, y una puesta en escena que prima los espacios vacíos y segmentados, los sobreentendidos en los diálogos, la atención calma a las luminosidades diferentes del día y su impacto emocional en el plano, hacen de la película algo nada habitual a fecha de hoy: un universo ficcional convencido y convincente que, en palabras del director de fotografía Patrick Scola, «aspira a tener la profundidad de una novela para adultos y la ingravidez de un cuento para niños».

Ese abismamiento en la ficción contribuye a potenciar el aspecto más radical de Pig. Más allá de relatar un viacrucis individual y de pensar la existencia humana cuando sus sentidos se desvanecen, Sarnoski y sus colaboradores se atreven a plantear un discurso a contracorriente sobre los enigmas de la creatividad artística y sus frágiles vínculos con el cuerpo social, cada vez más insolente en su apropiación mezquina y utilitarista de las manifestaciones culturales. Viendo Pig resulta difícil no apreciar una (auto)crítica de Nicolas Cage hacia la degradación a que le han sometido en los últimos años medios y aficionados y su propia responsabilidad en el proceso, así como una reivindicación de su magia interpretativa.

  • Fotografía: Patrick Scola
  • Montaje: Brett W. Bachman
  • Música: Alexis Grapsas, Philip Klein
  • Distribuidora: A Contracorriente Films