SEFF 2021: Memoria.

El maestro tailandés Apichatpong Weerasethakul vuelve con Memoria, su primera película rodada fuera de Asia y creada en colaboración con las queens Tilda Swinton y Jeanne Balibar. El cineasta chamán ha cargado su película con todos los condimentos que hacen de su cine una experiencia singular: al salir de los cines de Nervión estamos en trance. 

Memoria compite en la Sección Oficial del 18 Festival de Sevilla.

Pero ¿dónde va a ponerlos todos? Tras ganar el premio Un Certain Regard por Blissfully Yours en 2002, el premio del Jurado por Tropical Malady en 2004 y la Palma de Oro en 2010 por Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas, el cineasta y artista visual Apichatpong Weerasethakul ha vuelto a salir del Festival de Cannes con un premio del Jurado (ex æquo) por su nuevo periplo metafísico, Memoria. La primera sorpresa es que este hombre al que sus compatriotas y admiradores llaman «Joe» deja su Tailandia natal para filmar en Colombia a una desorientada Tilda Swinton, que, sin embargo, nos servirá de guía durante las próximas dos horas. Reflexionando, este cambio de escenario da un poco igual. A pesar de unos preliminares muy urbanos —callejeos por la capital y visitas a los hospitales y los estudios de grabación de Bogotá—, la extraña languidez, la belleza hipnótica de sus planos, los bosques frondosos, los poemas, las fuerzas invisibles de la naturaleza y los debates en la frontera entre lo fútil y lo filosófico siguen siendo los mismos que en las películas anteriores. Incluso el monzón sigue cayendo.

La frecuencia apropiada 

Las experiencias chamánicas confesadas por el director no han alimentado la película en vano: nos acercamos a Memoria como quien prueba la ayahuasca, de puntillas antes de dejarse llevar. En pleno subidón, la proyección resulta de una intensidad formidable. Es una delicia ver a una Tilda Swinton, un tanto marciana, investigando silenciosamente en las montañas de los Andes. ¿De dónde puede venir este extraño golpe, este gran «BANG» que oye en su cabeza una y otra vez y le impide conciliar el sueño? ¿Serán cartuchos de dinamita de las obras de Pijao, donde se está perforando en la roca la recién inaugurada Línea, el túnel más largo de Latinoamérica, que sirve de escenario para algunas escenas de la película?¿Es una alucinación o un trauma olvidado? Quizá sea aún más profundo, quizá sea el propio Big Bang. Con un amuleto budista atado a su espejo retrovisor, «Joe» nos lleva a un viaje para descubrir el despertar espiritual supremo. Al igual que los esqueletos de la arqueóloga interpretada por Jeanne Balibar, el espectador comienza por someterse a una especie de trepanación (un agujero perforado en el cráneo para acceder al cerebro y aliviar la tensión), un acto tan místico como científico para el cineasta, hijo de médicos, acostumbrado a investigar. Entonces, ¿qué es eso tan extraño que emana de los seres vivos? Con más preguntas que respuestas, Weerasethakul realiza el diagnóstico animista que recorre toda su obra. El ser humano está íntimamente relacionado con todos los fenómenos que lo rodean, desde el universo hasta el guijarro más pequeño, pasando por las divinidades animales y los difuntos que se aparecen. Memoria va aún más lejos: los espíritus más entrenados serían capaces de penetrar los recuerdos de las personas y los lugares. Todo es cuestión de frecuencia. A la espera de acceder a esta memoria común universal, nos abandonamos a los sueños del cineasta y, como si estuviéramos hechizados, dejamos que nuestra imaginación viaje hacia zonas inexploradas. La sensación de plenitud es total: el cine alcanza su nirvana.