Working Girls: la generación perdida del Nuevo Cine Estadounidense

El proyecto Roedor y Cineteca Madrid recuperan a cuatro cineastas sin difusión en nuestro país. Se trata de un programa que ha brindado la primera oportunidad de ver en España la restauración de Household Saints (Nancy Savoca, 1993), película perdida que acaba de ver la luz en EE.UU. y que dio el pistoletazo de salida al ciclo el pasado martes 6 de febrero. Mismo caso de Smooth Talk (Joyce Chopra, 1985), el debut de Laura Dern como actriz protagonista, que permanece inédita en nuestras salas hasta su proyección del próximo martes 13. Completan la programación Girlfriends (Clauda Weill, 1978), una joya de la comedia neoyorquina independiente, que trajo el primer sold out del ciclo el pasado 7 de febrero y A Fish in the Bathtub (Joan Micklin Silver, 1998), protagonizada por los padres de Ben Stiller, Jerry Stiller y Anne Meara, y por un jovencísimo Mark Ruffalo, que se podrá ver el próximo miércoles 14. Este programa reconoce y reivindica el trabajo de las cuatro directoras, de la generación de los setenta, cuyas obras se podrán ver hasta el 14 de febrero en la capital. Por Noah Benalal

Hasta mediados de los años sesenta, solo dos mujeres, Ida Lupino y Dorothy Arzner, habían hecho carrera como directoras de Hollywood. Gracias a los movimientos feministas y a los esfuerzos de los sindicatos profesionales, este número comenzó a aumentar en la década de los setenta. No es casualidad que la entrada de las mujeres –que no fue para nada en tropel, si consideramos que en el cine comercial de los años ochenta su número no alcanzaba todavía la veintena– coincida con el colapso del sistema de estudios de Hollywood. De entre sus grietas, fruto de la irrupción de la televisión en escena, el fin de los monopolios y la emergencia de las escuelas de cine en el seno de las universidades, que permitieron acercarse a las prácticas fílmicas sin necesidad de escalar dentro de estas grandes empresas, surgió el Nuevo Cine Estadounidense

Esta corriente heterogénea y diversa fue en sí misma una reacción a las prácticas férreas de control material e ideológico que lastraron el período anterior. La llamada generación de la televisión, compuesta por cineastas que se formaron profesionalmente en el nuevo medio, desarrolló un cine a caballo entre ambos lenguajes comerciales. Una nueva mirada, más política y en sintonía con las preocupaciones sociales del momento, convivía con la vocación de seguir apelando a las grandes audiencias desde este nuevo espacio off-Hollywood, mucho más libre que antes de los condicionamientos industriales. Sin embargo, mientras en el cine experimental se elevaron nombres como Maya Deren, Shirley Clarke o Marie Menken, las mujeres de esta otra corriente han quedado fuera del canon fílmico: con la excepción tal vez de Elaine May, la calidad de las películas de las directoras del Nuevo Cine Estadounidense se ha mantenido, hasta su reivindicación reciente, como un secreto de nicho a espaldas del público. 

Girlfriends

En este contexto aparecen Claudia Weill, Joyce Chopra, Nancy Savoca y Joan Micklin Silver, cuatro cineastas que solo se pueden entender si trazamos el triángulo entre Working Girls (Dorothy Arzner, 1931) –una película protofeminista atravesada por la experiencia de intentar ganarse la vida en un mundo de hombres–, Working Girls (Lizzie Borden, 1985) –una obra decididamente feminista sobre el mismo tema, radical y sin domesticar creada en este nuevo espacio off-Hollywood– y Working Girl (Mike Nichols, 1988), una cinta de Hollywood dirigida por un hombre, que regurgita los discursos feministas emergentes y nos los devuelve empaquetados, en formato comercial, para una audiencia que aplaude. Weill, Chopra, Savoca y Silver coincidieron, sin chocarse pero dándose la mano en varias ocasiones, en el interior de este perímetro. Sus filmes, tan diferentes como son, están nítidamente marcados por estos tres lados: su experiencia como mujeres en un entorno laboral altamente masculinizado, el contacto formativo con la escena independiente y la negociación incesante con el circuito comercial, tanto cinematográfico como televisivo, que amenazaba con expulsarlas y suplantarlas en cada giro en el camino. 

Las cuatro se apoyaron en textos literarios –Joyce Carol Oates, Francine Prose y Katherine Mansfield son las coguionistas silenciosas de este programa; Silver le debe a Ann Beattie su película más reivindicada, Chilly Scenes of Winter (1979)– y los aderezaron con sus experiencias e inquietudes personales. Las cuatro resuenan curiosamente, por su mirada lúcida y su condición de autoras punzantes en una era posideológica, con el momento actual. Weill se quedó en los márgenes, Silver se adentró en Hollywood, todas terminaron dirigiendo televisión y compaginaron sus proyectos personales con obras hechas por encargo. Las cuatro fueron brillantes, y por eso merecen ser vistas. No solo las cuatro: otras cineastas de este período se están recuperando a la par, con Not a Pretty Picture (1976), de Martha Coolidge, a punto de llegar a salas comerciales de la mano de Atalante. Gracias a estos esfuerzos de distribución y de programación, y sobre todo a los trabajos de documentación y restauración –a cargo de iniciativas como Missing Movies y entidades como el Lightbox Film Center o Criterion Collection–, ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de ellas, y el imperativo de no volver a dejarlas pasar. 

‘Working Girls: la generación perdida del Nuevo Cine Estadounidense’, del 6 al 14 de febrero en Cineteca. Más información en: @Roedor

Smooth Talk