Yalda, la noche del perdón

Yalda, la noche del perdón
(Yalda, la nuit du pardon)

  • Dirección: Massoud Bakhshi
  • Guion: Massoud Bakhshi
  • Intérpretes: Sadaf Asgari, Zakieh Behbahani, Arman Darvish, Forough Ghajabagli
  • Género: Drama, thriller
  • País: Irán
  • 89 minutos
  • En salas el 30 de abril

En el Irán actual, Maryam, una joven de 22 años, es sentenciada a muerte tras matar por accidente a su marido, Nasser, de 65. La única persona que puede salvarla es Mona, la hija de Nasser. Para ello, solo tiene que acudir a un conocido programa de televisión y perdonar en directo a Maryam. Pero cuesta perdonar cuando ambas se ven obligadas a revivir el pasado.

Por Philipp Engel

Hace ya una década que Asghar Farhadi, ese fan confeso de Antonioni, convenció a crítica y público con Nader y Simin, una separación (2011), aquel tenso thriller familiar sobre una pareja dividida por anhelos contrapuestos: ella se quería ir de Irán y él quedarse, ambos tenían sus razones. Farhadi puso en marcha el metrónomo del suspense hitchcokiano, y la jugada le salió redonda. Otra cosa es que luego se dedicara a dilapidar el prestigio acumulado en apuestas menos meditadas. 

En todo este tiempo, al menos que me falle la memoria (que puede ser), no es que hayamos visto demasiados thrillers psicológicos con d.o. iraní. Pero he aquí que Massoud Bakhshi se lanza, y apuesta el prestigio acumulado con su primera película –A Respectable Family (2012), presentada en Cannes, inédita en España, prohibida en Irán– con una coproducción europea por la que sin duda amables compatriotas volverán a pedir su linchamiento (y no precisamente en redes). Babak Karimi, que aparece en casi todas las pelis de Farhadi (salvo, claro, Todos lo saben), es aquí el productor de un programa de telerrealidad en el que una condenada a muerte se juega la vida, en función de si es perdonada o no, por la hija de la víctima. Lo peor es que tal programa es una versión satírica de otro que realmente existe en la televisión iraní, llevando la telerrealidad a un extremo muy bestia, que lamentablemente es algo más que una negra fantasía. 

Thriller que alimenta nuestra angustia, tiene ritmo, e impacta por el escalofriante cruce que supone entre la frívola telerrealidad y la más gélida pena capital

La película nos pone también al día de otras costumbres locales que ignorábamos, como es el caso del “matrimonio temporal”, un acuerdo para disfrutar del pecado durante un tiempo determinado, en el que la procreación queda prohibida para salvaguardar al marido efímero de las implicaciones económicas que esto pudiera tener. La protagonista de Yalda, sin embargo, se queda embarazada a la primera y, fruto de la discusión con el marido provisional, este muere. La condena a la horca cae por su propio peso, pero si acaba siendo perdonada, en vivo y en directo, todo quedará en una considerable indemnización económica, que será abonada por los patrocinadores del programa en función de los eseemeeses enviados por los espectadores. 

Así, de la casa repleta de obstáculos emocionales de Nader y Simín pasamos al plató televisivo, dividido entre el estridente show (cuyo arabismo fluorescente recuerda la cabalgata de los reyes magos) y sus bambalinas, donde la tensión resulta más palpable, ya que, a diferencia de la película de Farhadi, que dividía a los espectadores alternativamente según se simpatizaba con los motivos del marido o de la mujer, aquí pocos desalmados desearán ardientemente la ejecución de esta pobre mujer que ha matado a su marido provisional como por accidente. Todos estamos con la joven y temblorosa Maryam (Sadaf Asgari) y nadie con Mona (la diva Behnaz Jafari, un rostro que tenemos muy presente desde los tiempos de La pizarra), lo único que no sabemos es si se salvará, aunque todo apunta a que sí. 

Que la hija de la víctima sea mujer (y no un hombre), y que se plantee como un duelo entre dos, incluso tres mujeres (la madre de Maryam también puntúa), eleva la ambición del planteamiento más allá de un mero alegato anti-machista. Yalda funciona asimismo como thriller que alimenta nuestra angustia (por si andábamos escasos), tiene ritmo, e impacta por el escalofriante cruce que supone entre la frívola telerrealidad y la más gélida pena capital, algo que para nosotros sigue siendo afortunadamente muy exótico. Pero, más allá de si nos animamos a sumar en algún Change.org, esta película-manifiesto para que cambien las cosas en un país en el que no llegará a estrenarse (aunque seguro que circula clandestinamente) se queda en un experimento de laboratorio (catódico), sin duda interesante, pero en el que los elementos en juego no acaban de exprimir todo su potencial. Otros alegatos contra la pena de muerte nos han dejado más turulatos. 

  • Fotografía: Julian Atanasov
  • Montaje: Jacques Comets
  • Música: Dana Farzanehpour, Denis Séchaud
  • Premios: Premio del Jurado – Mejor película (World Cinema) en Sundance
  • Distribuidora: Avalon