De ‘Lucas’ a ‘El Lodo’: La Albufera, un paisaje de cine 

Los más de 223 kilómetros cuadrados que rodean el Parque Nacional de la Albufera conforman un entorno único en España, que en los últimos años ha sido algo más que el telón de fondo de un puñado de series y películas. Entre ellas dos thrillers muy dramáticos como El Lodo, de Iñaki Sánchez, con Raúl Arévalo y Paz Vega (que hoy llega a salas), y Lucas, de Álex Montoya, que ha merecido nominación al Mejor Actor Revelación para un ufano Jorge Motos. Por Philipp Engel

La Albufera: cañas, barro, cine y series

«Otras veces podía navegarse de una orilla a otra sin encontrar a nadie; pero aquella noche la Albufera estaba poblada. En cada mata, en cada replaza, notábase el trabajo de hombres invisibles…» escribía Vicente Blasco Ibáñez a principios del siglo XX en la seminal Cañas y barro, más tarde llevada al cine, por Juan de Orduña con la marca CIFESA, y a la televisión, a mayor gloria de Victoria Vera, símbolo sensual de los años 70. Podría pensarse que el escritor valenciano, en una visión de futuro, estaba describiendo la frenética actividad de las gentes del cine, porque el parque natural que se encuentra a pocos kilómetros de la capital se ha convertido, gracias a la Valencia Region Film, en un auténtico plató, flotante, de cine y series. 

Los caminos del humedal se ven constantemente perturbados por los camiones que transportan equipo de aquí para allá. Podrían ser los de El embarcadero, la célebre serie creada por Àlex Pina y Esther Martínez Lobato (La Casa de Papel) para Movistar, que han rodado sus 16 episodios por ahí. Los vecinos de El Saler ya veían normal toparse con Álvaro Morte, el famoso profesor, cuando salían a comprar el pan. Pero no sólo eso, también se han rodado en estos parajes proto-marismeños películas tan recientes como El silencio del pantano, de Marc Vigil, o El desentierro, de Nacho Ruipérez, incluso algunas escenas de Vivir dos veces, con Inma Cuesta y Oscar Martínez

«A pocos kilómetros de la capital, el parque natural se ha convertido, gracias a la Valencia Region Film, en un auténtico plató, flotante, de cine y series»

Hablamos con los directores de Lucas y El Lodo, que son Álex Montoya e Iñaki Sánchez, respectivamente. La primera acaba de resultar nominada al Goya gracias a Jorge Motos, que podría llegar a ser el Actor Revelación de esta edición (como ya sucedió en el Festival de Málaga, donde la película arrasó), y puede verse en la plataforma Filmin. La segunda, protagonizada por Raúl Arévalo y Paz Vega, llega hoy a los cines, con un gran despliegue de copias. Dos thrillers en la estela de La isla mínima, pero anclados en Valencia, que parten de la belleza del paisaje albufereño para aventurarse en las turbias aguas de la ficción. 

El paisaje es un personaje que interpreta a un personaje

Cuando un paisaje tan fotogénico como la Albufera se impone en el plano, se suele decir aquello de que es “un personaje más”, y en El Lodo, película que transcurre íntegramente en la Albufera, lo que ocurre es que tal personaje llega incluso a interpretar un personaje de ficción llamado Laguna Blanca. Iñaki Sánchez confiesa que cambió el nombre porque los problemas de escasez de agua a los que se enfrenta Arévalo no tienen que ver con la realidad de la Albufera: «He tenido a dos biólogos y a dos expertos en temas medioambientales en el rodaje, y hablé mucho con ellos. La escasez del agua no es un problema en la Albufera. Ahí tienen otros, como que la quema de cañas está prohibida, cuando resulta que las cañas, al pudrirse, sueltan Etanol y envenenan el agua. Lo mismo determinantes fertilizantes que se utilizan para el arroz, pero no me quería meter ahí, no quería que los habitantes de la Albufera me tuvieran que decir que no son unos asesinos, porque la verdad es que nos acogieron muy bien y son muy buena gente». 

«El Lodo es un thriller anclado en Valencia, que parte de la belleza del paisaje albufereño para aventurarse en las turbias aguas de la ficción»

Al mismo tiempo, como ocurre en El Lodo, en la Albufera también hay furtivos: «Una noche tenía a la segunda unidad rodando recursos, y dispararon al aire para alejarlos, porque les estaban alejando a la caza. Fue bastante friqui el tema, aunque eso sucede en todas partes». De padre manchego y madre vasca, Sánchez ha crecido en Valencia, y lleva mucho tiempo con la Albufera en la cabeza. «Yo ya me acerqué por ahí como fotógrafo, y me extrañaba muchísimo que no se hubiera rodado nada ahí desde Cañas y barro en los 70. Conocí la Albufera más a fondo cuando rodé ahí un episodio sobre el arroz, en el marco de una serie documental,  Origens, que repasaba productos con d.o. típicamente valenciana. Luego empecé a escribir con la idea de ambientar una historia en aquel paisaje. La idea del conflicto medioambiental vino después. La Albufera es enorme, cuando uno mira el mapa, se da cuenta que es tan grande como la ciudad de Valencia. Un día, estuvimos como hora y media para cruzarlo en barca». 

«Está claro que El Lodo puede recordar a La Isla Mínima, por el paisaje, el agua y la presencia de Raúl Arévalo, pero me inspiré más de thrillers de los 70 como Perros de paja, o Defensa, pese a que nos mantuvimos en una línea de personajes que no son tan, tan animales. Lo nuestro es más moderado, un poco como La caza, de Vinterberg, pero las referencias están ahí». Lucas, la película de Álex Montoya, la vio después de terminar El Lodo: «Es enorme, consigue algo muy grande, que es lo que más me fascina de la película, y es que consigue guiarte hacia un lugar en el que ya no sabes qué sentir respecto a ese personaje tan conflictivo». Sánchez se refiere al que da vida Jorge Cabrera, un hombre que persigue a niñas menores de edad a través de las redes, y ha estado en la cárcel por ello, por mucho que, según dice, nunca llegara a tocarlas. 

Un paisaje que está tan cerca que podría estar muy lejos

Si Sánchez convirtió en ficción la Albufera cambiándole el nombre, Montoya lo hizo alejándola de Valencia, poniéndola a una distancia de road movie, cuando en realidad el parque natural no está a más de diez kilómetros de la capital, una distancia incluso salvable en bici. Se ríe, al recordar cómo los personajes de Cabrera y Motos, un joven con una situación familiar de lo menos envidiable, emprenden un largo viaje a la Albufera, como si estuviera en la otra punta de España. «Es una zona de tardeo muy típica, con muchos restaurantes. Los valencianos saben que no tiene sentido, pero esa es magia del cine. Yo quería que pareciera un lugar más alejado…», un escondite en la huída hacia adelante de los protagonistas de esta historia paterno-filial tan atractiva como chocante. 

Lucas

Montoya explica cómo se atrevió a hacer una película sobre un molesta-niñas, que no para de decir que «se enamoró de la persona equivocada», la pesadilla de cualquier padre de familia: «Es una idea que me parecía bastante provocativa cuando hice el corto del que parte, aunque ahora que tengo dos hijos quizás lo vea todo un poco distinto, entiendo a Robert Rodríguez cuando dice que sólo va a hacer películas para niños, o a Spielberg quitándoles las pistolas a los policías en E.T., el extraterrestre para sustituirlas por walkie-talkies en la edición remasterizada». Le cuento que no podía empatizar menos con el personaje, aunque también me di cuenta de que se trata de eso: «Sí, el cine es una máquina de empatía, y quería ver hasta dónde se podía tensar la cuerda en ese sentido. En la primera versión del guion, que tenía mucha más acción, el personaje moría al final, y ahora quizás intentaría rodar esa versión, que era más thriller. Él mataba a una chica en mitad de la película, para no volver a la cárcel cuando se destapaba la historia. Era una película más compleja, no había presupuesto suficiente, y al final hicimos algo más realista. En la pelea final, por ejemplo, se ve sobre todo que son un par de pringados». 

Montoya es riojano de nacimiento, «pero llevo 38 años en Valencia. Y llevo tiempo queriendo rodar en la Albufera. Hace como 20 años, antes de La Isla Mínima, ya había escrito un guion que terminaba en la Albufera. Era el típico guion a lo Patricia Highsmith que tenemos todos los directores en un cajón. Iba de un hombre que seguía a otro, y al final veías que era su pareja y que estaba mirando la forma de eliminarlo con coartada. Ahora la Albufera ya se ha puesto tan de moda, que habrá que buscar otro sitio en Valencia. De hecho, mientras rodamos Lucas estaban también los de El embarcadero. Veíamos pasar los camiones cargados de material, incluso compartíamos algún técnico, que nos contaba todos los medios de los que disponían, que eran muchos. Para nosotros, el rodaje fue muy duro, porque lo hicimos  en invierno y a menudo de noche, y ahí de noche en invierno hace un frío increíble. Pero no me quejo, la fotografía de Jon D. Domínguez quedó muy bien, le hace justicia al paisaje». Ah, esos atardeceres en la Albufera, que en el cine se ven preciosos, y en la realidad se traducen con un gran atasco en el camino de vuelta. Más info en: https://valenciaregionfilm.com/